El poder de las palabras

En psicología evolutiva es notable desde hace tiempo lo que se define como el “efecto Pigmalión”. ¿Qué es eso, y qué relación tiene conmigo?
Las palabras que decimos, así como la recibimos respecto a nuestra persona, tiene mucho más poder de lo que creemos o pensamos.
¿Te han dicho alguna vez: “ten cuidado o… te harás daño/ te van a fastidiar/ te saldrá mal/ etc.”? Y luego quizás ¿ocurrió justo lo que te acababan de decir?
Quizás la persona que te dijo esto era alguien que en ese momento valorabas, o que tenía alguna relación especial contigo, por ejemplo, tu cuidador, o maestro, pareja o amigo-a…
¿Te has parado a pensar por qué ocurrió esto?
Las palabras son mensajes con un poder especial. Tienen la capacidad de orientar nuestra atención y nuestro pensamiento. Estos a su vez son capaces de modular nuestra respuesta emocional y dirigir nuestra conducta.
¿Te parece poco?
Una relativamente reciente área de la neuropsicología (la PsicoNeuroInmunoEndocrinología) se basa en investigar la influencia de nuestros pensamientos y emociones sobre nuestro bienestar y nuestra SALUD.
Es interesante recordar que la Salud es un concepto en el cual los aspectos físicos, mentales y sociales tienen influencia similar y que están en equilibrio recíproco, o desequilibrio (según lo que reconoce y define la Organización Mundial de la Salud). Las emociones, estando estrechamente vinculadas con los pensamientos, pueden entrar en buena medida a formar parte de esta “mezcla” que determina nuestro estado de Salud.
Sin querer desviarme del tema inicial (ya escribiré algo más sobre esta interesante apertura que se va perfilando en ámbito médico-sanitario) y queriendo resumir un poco la profunda reflexión, podemos afirmar que los pensamientos que formulamos y las emociones consecuentes direccionan hasta cierto grado no solo nuestro estado de salud actual sino que ¡influyen sobre nuestra vida a venir! Eso es, tanto en caso de que produzcamos estos pensamientos de forma propia o que estos sean inducidos por lo que oímos desde el mundo externo y que aceptamos como real.
Pero, ¿cómo funciona esto?
Nuestros pensamientos y nuestras emociones orientan las decisiones que tomamos diariamente y trabajan como canalizadores de nuestra atención. De forma que prestaremos una especial escucha a todos los elementos que puedan confirmar la realidad que nos acabamos de refigurar en nuestro mundo interno. Eso es, ¡nos gusta tener la razón! Aunque sea perjudicial para nosotros.
Por esto es necesario que tengamos una cuidadosa atención con lo que creemos y con lo que decimos. Para un sostén amoroso en el desarrollo del otro y el nuestro propio. Estos dos desarrollos están tan profundamente vinculado que hablar de uno sin considerar el otro es un poco como considerar solo una cara de la moneda… aunque es una forma muy común de actuar.
Prestemos atención por un tiempo a las palabras que dirigimos a lo demás y aquellas que nos auto dirigimos o nos auto dirigen.
¿Qué presencia hay de términos absolutos, radicales, categóricos? ¿Qué profecías lanzamos en el mundo? ¿Cuáles acogemos como caminos posibles de nuestra vida?
Si realmente deseamos una evolución positiva en nuestra vida empecemos a trabajar desde los aspectos sobre los cuales realmente tenemos algún poder de acción. Las palabras que decimos pueden ser una de estas herramientas.